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Prisión domiciliaria
Por admin - La Carpeta de Iván - Marzo 22, 2010
El lunes 1 de marzo amaneció como otro cualquiera en La Habana. Luego de pasar la noche con mi novia, regresé a mi casa alrededor de las 6 y 30 de la mañana. No se notaba ningún indicio de anormalidad.
La única señal premonitoria salió de un pequeño radio portátil que tenía a su lado el chofer del ómnibus. Era una canción de Silvio Rodríguez. Al bajar del ómnibus todavía llegaba a mis oídos una estrofa: “La libertad nació con alas/y yo quién soy para cortarle cada sueño…” En ese momento no sabía que era un aviso.
Por demás, la ciudad se levantaba con su rutina habitual. Un grupo de mujeres aburridas hacía la cola en el agromercado estatal. Esperaban a que abriera para comprar su cuota racionada de boniatos. Para amortiguar la espera comentaban las incidencias del culebrón colombiano “Café con aroma de mujer”, que mantiene en vilo a los cubanos y tiene más poder de convocatoria que cualquier acto revolucionario.
En el trayecto de dos cuadras hasta mi casa, veía el paso veloz de los que iban hacia sus faenas laborales. Justo en la esquina de Carmen y 10 de Octubre, unos estudiantes de secundaria hablaban de béisbol y su nuevo ídolo, el pelotero Michel Enríquez. Los saludé, eran conocidos del barrio. Me aprestaba aconversar con ellos cuando un mulato alto y fornido me llamó.
Se presentó como Misael, de la Contrainteligencia. Me preguntó si conocía el paradero de mi madre, Tania Quintero, también periodista de Cuba Press. Le dije que lo ignoraba. Acto seguido, me sugirió que fuera hacia mi casa, que él tenía órdenes de que yo debía permanecer en mi hogar hasta nuevas instrucciones.
Discrepé. Otro oficial, que al parecer estaba al frente del operativo -y que se identificó como Roldán- habló entonces conmigo durante más de una hora. Iniciamos una extensa conversación. Tocamos varios temas: la política del gobierno, el embargo, el exilio de Miami, la disidencia, la prensa libre, la ley mordaza (promulgada en febrero de 1999), y el futuro del país.
Le manifesté mi rechazo a los términos “anexionistas”, y “traidores a la patria” que una y otra vez utiliza el régimen al referirse a los periodistas independientes. Porque nadie en sus cabales -le dije- desea que se pierda nuestra soberanía. Con franqueza le confesé que patria no es sinónimo de Fidel y revolución y que considero que no he traicionado a nadie y defiendo la idea de quedar bien conmigo mismo.
En silencio aceptó mis criterios. El futuro de la patria le concierne a todos los cubanos. Le recordé que, precisamente, por querer abrir un espacio estaban presos Vladimiro Roca, Martha Beatriz Roque, René Gómez Manzano y Félix Bonne Carcassés. Y que su prestigio en buena medida se lo debían al proceder del gobierno, que en su temor patológico de encarcelar criterios diferentes, los ha elevado a estatura de gigantes.
Calló. Entonces me dijo él estaba allí para cumplir una orden: no podía moverme de mi casa. De violarla, sería detenido.
Al llegar a mi morada me sentí satisfecho. Había expresado mis puntos de vista. Con el teléfono cortado, me puse a seguir las noticias por la radio. Por la BBC y Radio Martí supe que la prensa extranjera no había tenido acceso al juicio y que el dispositivo policial fue desproporcionado.
También me enteré que no se permitió la presencia de la ciudadanía a 150 metros a la redonda del tribunal. Por el fuerte operativo militar, tal parecía que estábamos en Roma, a la espera del enjuiciamiento de los cabecillas de la mafia siciliana, y no de cuatro opositores pacíficos, todos mayores de 50 años.
Los medios internacionales se hicieron eco de ese ambiente, exageradamente represivo. Desde el balcón de la casa, donde pasé la mayor parte de mi prisión temporal, miraba el ir y venir de la gente, con sus caras indiferentes, ajenas a lo que estaba sucediendo en su ciudad y en su país.
La prensa gubernamental no publicó ni una letra. Como si en Marianao no se celebrara un juicio de tal envergadura. Oficialmente, los cuatro opositores eran fantasmas. En mi barrio, las personas seguían con su diaria lucha por la supervivencia. Con mezcla de curiosidad y temor, algunos vecinos de la cuadra miraban de reojo el inusitado operativo en los bajos de mi edificio.
La momentánea inquietud no les impidió seguir con sus costumbres: comprar el panecillo diario por la libreta, llevar el hijo al colegio, limpiar su deteriorada vivienda o tratar de comunicar con sus parientes en Miami.
Eran casi las 8 de la noche cuando mis captores me dejaron hacer un par de llamadas a casa de un conocido, desde el teléfono público de la esquina. Fue entonces cuando me enteré que mi madre no se encontraba en la casa porque se encontraba detenida, en la unidad de policía de 7ma. y 62, en Miramar. Un par de “escoltas” habían seguido todos mis movimientos.
Una hora después, Ariel Tapia, colega de Cuba Press, llegó a la casa con una botella de ron de cuarta categoría, de las que por 20 pesos se le vende a la población. No había nada que festejar. Todo lo contrario. Pero beber ron es un pretexto nacional para consumir el tedio y “descargar” acerca del futuro, esa mala palabra que sólo después de tomarse una botella de alcohol, la gente en Cuba se siente con valor para abordar sinceramente. El cubano se desnuda espiritualmente tras la ingestión de bebidas embriagadoras.
Ni Ariel ni yo escapamos del ritual. Así, entre trago y trago, vestimos de sueños nuestra desesperanza y reafirmamos nuestro propósito de trabajar por una sociedad abierta, plural y democrática.
En eso estábamos cuando a las 10 y 30 de la noche, mis vigilantes me informaron que ya podía volver a ser un ciudadano normal. Y me dijeron que no me preocupara por mi madre, que al día siguiente estaría de vuelta. A partir de esa hora volví a ser Iván García Quintero.
Ariel y yo salimos de la casa y caminamos con ese gozo exclusivo que proporciona la libertad de movimiento. Deambulamos por las calles de La Víbora, nuestra patria chica, hasta altas horas de la madrugada. Terminamos descargando en la escalinata del Pre, como ahora llaman al antiguo Instituto de la Víbora. A las cuatro, una extraña sensación me invadió antes de irme a la cama. La felicidad que proporciona saber que vale la pena tener criterios en la vida y poderlos expresar.
Si de este aciago 1 de marzo algún provecho saqué de mi prisión domiciliaria, fue la convicción de que no cejaré en el empeño de contribuir a que realmente la patria sea de todos.
Iván García
Foto: El Pre, antiguo Instituto de la Víbora.
Publicado en Cubafreepress el 5 de marzo de 1999.
Chávez, el sustituto de los rusos?
Por admin - La Carpeta de Iván - Marzo 15, 2010
El gobierno de los hermanos Castro se lo ha jugado todo a una sola carta. A la de Hugo Rafael Chávez Frías, el hombre fuerte de Venezuela, quien por minuto dispara un chorro inusitado de historietas y disparates. Chávez rompe todos los cánones de un estadista equilibrado, sobrio y coherente.
Lo mismo de memoria te suelta un pasaje bíblico, que te canta un joropo o declama su habitual poema a Maisanta, luchador venezolano contra el colonialismo español en el siglo 19. Por supuesto, se cree un estudioso profundo y serio del Libertador Simón Bolívar.
Y ha lanzado la peregrina teoría que Bolívar murió producto de un complot de los yanquis. Si fuese payaso, comediante o un simple ciudadano del estado de Barinas, pasaría inadvertido. Pero es el presidente de uno de los principales países productores de petróleo.
Tiene moneda dura suficiente para derrochar en sus extravagantes proyectos, y se considera el nuevo Bolívar del siglo 21. Está empeñado en un socialismo diferente y humano, pero aplica las mismas medidas coercitivas que sus predecesores que intentaron construir el comunismo.
Chávez es una amalgama ideológica confusa. Cree en Dios y en Marx. Es antiyanqui y desde que llegó al poder en 1999, sus discursos se ha radicalizado, no sólo hacia Estados Unidos, sino a todos los países del primer mundo.
Su meta es hacer una entente de naciones pobres, que comercien entre ellas, posean una moneda común y no tengan que contar para nada con el intercambio depredador de los países ricos. Sigue la habitual costumbre de los estadistas de “sociedades socialistas”, que tienen la rara manía de perpetuarse en el poder, y en reprimir a la oposición y los medios de prensa.
Chávez es el clásico chico malo en cualquier reunión, debate o simposio mundial donde hace acto de presencia. No tiene sentido de la moderación y el respeto. Tiene conectado el cerebro con la lengua. Cualquier idea, por disparatada que sea, la suelta sin siquiera procesarla en su mente. No tiene cloche. Solo acelerador y freno.
Sumemos que el comandante de rojo administra su gabinete como un cuartel militar y reparte prebendas y cargos entre sus amigos y familiares, como toda la lacra de anteriores presidentes venezolano que Chávez suele criticar con frecuencia.
Entró por la puerta de atrás al poder, gracias a una sociedad paralizada por la pobreza y la corrupción en flecha que existía en Venezuela. Cuando las democracias no funcionan, son caldo de cultivo de este tipo de personajes caudillistas y pendencieros.
Desde el Caribe, Fidel Castro tomaba nota. Luego que la URSS dijo hasta luego a la estrambótica ideología comunista, Cuba entró en la era de las cavernas. Apagones extensos, poca comida, una economía de guerra y un amplio sector de la población disgustada y sin futuro que tenían como meta cruzar el Estrecho de la Florida en una rústica balsa o casarse con una aburrida y solitaria cuarentona española.
Castro tuvo que hacer concesiones. Permitió el trabajo por cuenta propia y pequeños bolsones de economía mixta y de mercado, que no era suficiente para progresar, pero unido a los mil millones de dólares que envían los parientes de Miami, le dieron oxígeno y ganó un tiempo precioso para que su revolución no se la llevara el viento.
A los Castro les preocupaba bastante la independencia de un sector de la población. El dinero engendra poder, y cuestionar el status quo establecido. Por tanto, el peripatético Hugo Chávez, se les antojó un regalo de los dioses.
Tenía petróleo y dinero. Era un admirador confeso de Castro y un manojo de ideas incendiarias, que sabiamente usadas podían crear un campo minado para los gringos en América Latina.
Claro, los tiempos que corren son otros. Fidel Castro es un hábil estratega político, pero para instaurar un clon de la revolución cubana en Caracas, había que demoler las estructuras de la sociedad civil y la prensa libre. Y evidentemente, un segmento de morochos no iban aceptar de brazos cruzados que su país se fuera al garete.
Entonces, es lógico que Chávez las esté pasando canutas en este febrero del 2010. Cerrar una televisora por cable le ha traído manifestaciones callejeras y violencia. En once años del comandante tocado con boina roja, las cifras no nos muestran que haya disminuido la pobreza, la corrupción y la violencia. Todo lo contrario.
Lo que sí ha aumentado es la presencia cubana de médicos, entrenadores y asesores militares. Los Castro, preocupado con la situación de su aliado han enviado al siniestro ministro de comunicaciones, Ramiro Valdés, ex jefe de la policía política cubana, y antiguo ministro del interior, a ver in situ cuáles acciones hay que tomar para detener la oleada de descontento entre un sector amplio de venezolanos.
La prensa oficial cubana no ha publicado una línea sobre los últimos acontecimientos en Caracas, ni de los apagones de 4 horas diarias, y casi nada acerca de la presencia de Valdés. Según medios oficiales en el país sudamericano, Valdés va en plan de asesor en materia electroenergética. Píldora difícil de tragar. Ramiro Valdés, ferviente admirador de Félix Dzerzhinski, el primer jefe que tuvo la Cheka rusa, es un neófito en esa materia. Si algo conoce al dedillo es la manera más efectiva de reprimir.
La economía cubana en estado de sitio, no soportaría el mazazo terrible de perder los suministros de petróleo, si a Chávez lo apartaran del poder. Es probable que entre los consejos de Valdés, haya algunos mensajes de Fidel Castro, invitando a la mesura al inquieto y díscolo comandante bolivariano.
Los Castro se lo han jugado todo a la carta Hugo Chávez. Desde crear una sociedad comercial, el ALBA, o una moneda en común, el sucre, hasta depender del petróleo sudamericano que mantiene iluminada a Cuba. Por ello, de ninguna manera van a permitir que el irreflexivo Chávez se despeñe por el barranco. Lo van a intentar todo. La suerte de Venezuela, en alto grado es la suerte cubana. Y el gobierno cubano hará lo que haya que hacer para mantener al Papá Noel venezolano en el trono.
Se apostó por el caballo equivocado. Y a esta altura, para los Castro no hay marcha atrás.
Iván García
Foto: Reuters. Hugo Chávez y Ramiro Valdés, ministro de las comunicaciones e informática, durante una reciente visita a Venezuela.
Cuba en los desayunos de TVE
Por admin - Desde La Habana - Marzo 12, 2010
Desde enero de 1994, de lunes a viernes y en horario matutino, la Televisión Española emite Los desayunos de TVE. Su formato ha ido variando con el tiempo. También por su plató han pasado varios presentadores, la última, desde septiembre de 2009, es la periodista Ana Pastor (foto).
El programa cuenta con un equipo de veinte tertulianos, representantes de los principales medios nacionales. Cada día, junto con la presentadora, tres de estos tertulianos son los encargados de preguntar a los invitados, por lo regular políticos, ministros, empresarios, sindicalistas, escritores y artistas, españoles o extranjeros.
Una vez por semana, se realiza una Tertulia política, como la del viernes 12 de marzo, que en su primera parte estuvo dedicada a debatir la situación en Cuba. No fue posible separar ese fragmento, por ello le ofrecemos el video completo del programa:
Los desayunos de TVE- Tertulia política
Los viernes también es el turno de La tira de Nacho, que en menos de dos minutos resume humorísticamente la vida política de la semana. En ocasiones, a un personaje le dedican una tira. En 2008, le dedicaron una a Gaspar Llamazares, en ese momento al frente de Izquierda Unida. Veánla aquí:
Tania Quintero











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