De la jerga habanera

La otra crisis en Cuba, aparte de la política y la económica, es estacionaria y es la del idioma. Ya se sabe que falta dinero y la comida escasea. Que vivimos disgustados, por un gobierno que controla nuestras vidas como si fuesen nuestros padres. Y que una gran parte de los cubanos, sueña que su futuro está en Miami, Roma o Madrid.

Bien, todo eso lo entiendo. Pero no acabo de comprender por qué a diario hablamos un dialecto cortado y rápido, que sólo los nacionales entendemos. Un ejemplo, del “idioma” actualmente hablado en la isla es el siguiente diálogo.

Una mañana cualquiera. Dos amigos se encuentran en un parque de Centro Habana.

-Qué vuelta, asereco.

-En na´ y en to’, mi ambia.

-Estoy cazando a un gil pa’ tirarle po’ la cara el par de pedales yuma que me mandó el puretano, estoy en la fuácata. Se lo voy a soplar en 30 fula, pa’ ver si me enrolo con la yegua del solar, que me tiene el coco seco.

El asereco, con un pantalón por debajo de la cintura, mostrando unos calzoncillos Nike, asiente y replica:

-La mu’puta le gusta hacerse la cabra. Si no es con polvo y baro no mueve el botacaca, una vez le metí el ditú por la boca y después que me quedé frito, me la dejó en los callos, cada vez que me acuerdo, me dan ganas de partirla en dos como un lápiz.

Se acerca un policía con cara de malo y un perro pastor alemán. Los dos amigos deciden irse.

-Voy a lele, te pillo en la vuelta.

Le da un beso en la cara a su amigo y le recuerda:

-No te hagas el paganini con el mango que es fu, dicen que no es na a la hora del cuajo.

-Copié, responde el asereco.

Yo, que me precio de conocer los entresijos del bajo mundo habanero, a ratos me quedo botado (sin entender).

A los cubanos que hace años viven fuera les costará traducir esta conversación.

Joder con el español. Un idioma que apenas se habla en La Habana. Hablamos una jerigonza.

Iván García

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La Habana se reinventa

La familia de Héctor Iznaga vive al trozo. Su hija de 18 años iba a tener un bebé y se dieron cuenta que la casa resultaba pequeña. Manos a la obra. Sin permiso de ninguna institución estatal, reformaron el balcón de su piso pequeño de dos cuartos, y de prisa levantaron una nueva habitación.

Muchas familias del país actúan como los Iznaga. Hay zonas de la geografía habanera convertidos en verdaderos Frankesteín arquitectónicos. Muy distantes de su diseño original.

En Cuba el respeto a las reglas y directivas del Instituto de la Vivienda y de los arquitectos municipales no existe. Por lo general, la gente se limpia el trasero con las normativas de ordenamiento urbano.

Como si viviésemos en una selva africana. El irrespeto a las leyes de convivencia es típico en la isla. Personas como Héctor Iznaga llevan parte de razón. Su familia reside hace veinte años en un impresentable edificio de cinco pisos en el reparto Alamar, uno de las barriadas más grandes y horribles de La Habana.

Su mantenimiento, supuestamente, debiera correr a cargo del Estado. Pero sólo es en teoría. A ningún organismo oficial le interesa que los moradores del inmueble lleven meses cargando agua, porque la bomba está dañada.

Cuando llueve, los techos del edificio filtran hacia los pisos posteriores. Igual ocurre con los servicios sanitarios. Las escaleras están oscuras y sin pasamanos. El inmueble da asco. Sucio y desaliñado, pidiendo a gritos una mano de pintura.

Los vecinos se han quejado al delegado del Poder Popular de su circunscripción. Pero nada. La vida sigue igual. Entonces los moradores, ante tanta desidia estatal, hacen lo que les venga en gana.

A golpe de vista, se puede ver a cómo numerosas familias hacen adaptaciones sin permiso legal. Cambian las fachadas. Toman para sí espacios colectivos. Y sin ningún conocimiento constructivo, tiran abajo paredes de carga, poniendo en peligro su vida y la del resto de inquilinos.

Les ofreceré  un dato. El 60 % de las viviendas en la ciudad de La Habana están en regular o mal estado. Por lo general, en una casa conviven hasta cuatro generaciones diferentes.

En el centro de la capital o barrios sumamente poblados como Luyanó, Lawton o la Víbora, hace decenas de años que no se reparan los edificios múltiples. Ni siquiera los pintan.

Quienes habitan en residencias y chalets, las remozan de acuerdo a sus posibilidades económicas. Es un sálvese quien pueda. Aunque el Estado ofrece muy poco, castiga duro las violaciones urbanísticas.

Según la prensa oficial, sólo en La Habana, en los primeros seis meses del año, se han impuesto más de 3,500 multas por ilegalidades constructivas en domicilios particulares. Las multas van desde 200 pesos (10 dólares) a 1,500 (60 dólares). A unas 500 familias les demolieron los arreglos realizados.

El problema de la vivienda es una de las asignaturas suspensas del gobierno de los hermanos Castro. El déficit habitacional es enorme. Se ha intentado aliviarlo con pequeños parches, como permitir a organismos o personas que construyan su propios hogares, pero el suministro de materiales es precario, amén de la mala calidad.

Por la ciudad pueden verse edificaciones que llevan 10 años o más en construcción. Y amenazan seguir demorando. Ante tanta necesidad, las familias se las apañan como puedan.

Lo mismo construyen una “barbacoa”, invento cien por ciento cubano, consistente en un entrepiso de madera o concreto dentro de la propia casa. Si después quieren ampliar la casa, si al lado tienen un terreno baldío, lo cogen y transforman su morada sin el consentimiento de las autoridades.

Todo vale para darle cabida a un pariente del campo o un bebé en camino. Como la familia Iznaga, que echó abajo su balcón y construyó una nueva habitación para el futuro nieto. Y han tenido suerte que no los han pillado los inspectores estatales. Por ahora.

Iván García

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Mario Chanes de Armas o la dignidad humana

Llegué al portal de mi casa uno de esos días de muchísimo calor y de una lluvia relámpago, como suele caer en la barriada habanera de la Víbora. Sentados en el portal estaban el padrino de una antigua novia, y un hombre delgado, canoso, con penetrantes ojos azules. Ambos se levantaron, y el de mayor edad se presentó: “Mucho gusto, Mario”.

Así de sencillo. Mario Chanes de Armas era para mí una leyenda verdadera, no como la de los héroes de papel de la literatura. Era una leyenda en carne y hueso, con más huesos que carne. Había pasado más tiempo en las cárceles castristas que Nelson Mandela en las del apartheid surafricano, y en condiciones mucho más trágicas que las de Robben Island.

Mario escuchaba más de lo que hablaba. Era una de esas personas que prestaba mucha atención a quienes le rodeaban. Aunque de vez en cuando soltaba una frase lapidaria, venida directamente de la dura vida en prisión. Todo el tiempo observaba y escuchaba. Decía que en lugar de condenar a sus carceleros y captores a pasar por lo mismo que a él le hicieron, simplemente les condenaría a la libertad.

Tal cosa, viniendo de un hombre que estuvo más de 30 años en prisión significaba mucho. Algo que un joven como era yo en aquella época no podía comprender. Entonces, tenía mucha sed de venganza, o de justicia, según uno lo quiera ver, hacia o en contra de aquéllos que me habían golpeado o delatado.

Mi aprendizaje con Mario Chanes de Armas había sólo comenzado aquella tarde lluviosa, pero no me dí cuenta hasta varios años después.

Mario vivía como podía, en un humilde apartamento cerca del paradero de ómnibus de la Víbora, un lugar que de haber sido un enclave de la clase media habanera, había pasado a rozar el marginalismo,  donde la gente se veía obligada a aprender oficios informales e ilegales para ganarse el sustento diario.

Allí residía, sin derecho siquiera a tener una cartilla de racionamiento, la irónicamente llamada “libreta de abastecimientos” en Cuba, que sólo sirve para que la población subsista desabastecida y bajo control.

Mario tenía una rutina especial. Hacía un café en su casa, y al poco rato se tomaba otro, en un cafetín al lado del paradero de la Víbora. Después, cruzaba la calle y echaba un vistazo a revistas españolas del corazón que alquilaban en plena Calzada de Diez de Octubre, junto a vendedores y compradores de libros viejos. Así, decía, se ponía al día con la vida arrebatada durante la larga estancia en prisión.

Mi rutina diaria comenzó a coincidir con la suya. A la hora de almuerzo le llevaba algo de comer a Mario, bajo la mirada de los delatores del barrio y los colaboradores de la policía secreta que vigilaban el pasaje de la calle San Lázaro.

Ante la puerta de la casa de Mario siempre dejaba una cantina de aluminio, y después corría por los portales de la Calzada de Diez de Octubre, tratando de despistar a los vigilantes del “cuartico de Mario”, como yo le decía a su minúscula vivienda. En una de esas ocasiones, en la esquina de Carmen y Diez de Octubre, choqué y casi lanzo al suelo a una mujer que conocía de vista. Era Tania Quintero, periodista oficial primero e independiente después.

Siempre sabio, Mario me había dado una lista de lecturas que me ayudarían a comprender el comunismo como una patología social, y me reafirmarían lo que ya sabía del ser humano como individuo. En aquella época, yo veía al ser humano como un ente tan propicio a la maldad como a la bondad, pero Mario me recordaba siempre que el mejoramiento humano como vía de redención era la opción que nos permitiría el ascenso a un nivel superior de convivencia humana.

Hoy confieso que esa opción me parecía muy lejana. La posibilidad de la existencia del ser humano como ente redimible fue la mayor lección de generosidad y humildad que jamás he recibido, de la mano de un hombre inclinado a educar para mejorar, a perdonar por medio de la justicia, y dar oportunidades a todos por igual.

Mi amistad con Mario creció y se hizo cada vez más profunda. En mis carreras diarias, saltaba los muros detrás del paradero de la Víbora, para cortar camino a su casa. Las conversaciones se hicieron más interesantes. Él sonreía cuando le contaba que había dejado unas proclamas contrarrevolucionarias húmedas sobre el techo de un ómnibus, para que se mantuvieran pegadas al metal, mientras el ómnibus en marcha las dejaba escapar una por una por la ciudad.

La Habana es una ciudad que te ama mientras los representantes del régimen que la ocupan te odian.

Mario tenía lo que se llama una sonrisa de ojos, su rostro permanecía completamente serio, y los ojos sonreían independientemente de su expresión facial.

Era un dechado no sólo de humildad, sino también de  sabiduría y caballerosidad.

La única vez que esa sonrisa desapareció fue cuando me contó de su hijo, nacido cuando él ya estaba preso. Pregunté más, para morderme la lengua minutos más tarde: su hijo había fallecido mientras seguía prisionero. El castrismo y la cárcel le privaron del ejercicio pleno de la paternidad, pero no pudieron cortar su condición de padre, que él llevó dignamente desde la distancia impuesta por el cautiverio.

Un día salí de Cuba. La tarde anterior le dije: “Me voy mañana”. Me deseó buena suerte. Nunca más volví a ver a Mario. El hombre que era el símbolo del presidio político cubano llevaba una vida en silencio y sin pretensiones, junto a sus hermanas en Hialeah, comunidad de modestos exiliados cubanos de Miami.

Una mañana de 2007 leí en los diarios que ya Mario no vivía. Al menos no vivía la vida como la hemos vivido todos, él estaba ya en una fase diferente, no corpórea.

Mario Chanes de Armas no sólo había vivido la historia, la había hecho, y luego, tan típico de él, se había sentado a observar a los seres humanos que poblaban esa historia. Callado y sin pedir nada. Dando un ejemplo, y comportándose con lo único que le acompañaba siempre, la dignidad humana.

Charlie Bravo

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Chanes, el cubano que estuvo 30 años preso

El presidio político más largo, injusto y olvidado ha sido el del cubano Mario Chanes de Armas (La Habana 25.10. 1927- Miami 24.2.2007).

Cuando después de más de 30 años lo excarcelaron, a Chanes le dieron para vivir un modesto apartamento, en un pasaje situado en la calle San Lázaro entre Carmen y Patrocinio, en La Víbora, muy cerca de una unidad de policía y al doblar de nuestra casa.

Pronto en el vecindario se supo que en el pasaje de San Lázaro estaba viviendo Chanes de Armas. A cada rato pasaba por ahí, para ver si lo veía y podía saludar. Durante el tiempo que fue vecino nuestro, sólo le vi dos veces, de lejos. Tenía ya todo el pelo canoso, pero aún caminaba con agilidad.

Mario Chanes de Armas había luchado contra la dictadura de Batista en los años 50. El 26 de julio de 1953 fue uno de los atacantes al Moncada, un cuartel militar de Santiago de Cuba, junto a un puñado de revolucionarios encabezados por Fidel Castro. Al igual que el resto de los enjuiciados por esa acción, fue enviado a cumplir su prisión en Isla de Pinos.

En mayo de 1955, Batista concedió una aministía general, y todos los prisioneros políticos fueron indultados, entre ellos los hermanos Castro y Chanes de Armas, quien marcha al exilio en Miami. A petición de Fidel, se traslada a México y participa en los preparativos de invasión a la isla por las costas orientales, en el yate Granma, el 2 de diciembre de 1956.

Numerosos expedicionarios resultaron muertos en enfrentamientos con el ejército. De los supervivientes, doce lograron internarse en las montañas de la Sierra Maestra. Chanes pudo escapar a La Habana, donde se incorpora a la lucha clandestina contra Batista en grupos de acción y sabotaje.

El 1 de enero de 1959, Chanes se encontraba detenido por la policía batistiana. Luego de ser liberado, al lado de las principales figuras revolucionarias, comienza a trabajar para que la sociedad cubana volviera a ser democrática y disfrutara de libertades. Meses más tarde, se da cuenta que dentro del poder hay fuerzas políticas que no desean restablecer la democracia, si no un comunismo al estilo soviético.

Al no compartir esas ideas, decide apartarse y retirarse a su casa. Entre los suyos, comienza a alertar de los peligros que se ciernen y de las consecuencias negativas que para el país tendría la implantación de una “dictadura del proletariado”.

En 1960 es mandado a arrestar por Fidel Castro, acusado de “conspirar de palabra” y de participar en un supuesto complot para asesinar al “máximo líder”, cargo que siempre negó.

Sin haber mostrado un arma, documentos ni pruebas de ese intento de asesinato, y sin haber pertenecido a ningún grupo opositor, Chanes fue condenado a 30 años de privación de libertad.

Después de haber cumplido 30 años y varios meses, y de haber recorrido casi todas las prisiones de la isla, Mario Chanes de Armas fue excarcelado el 16 de julio de 1991. En la cárcel supo del nacimiento y muerte, a los 22 de años, de Mario, su único hijo, y del fallecimiento de sus padres y un hermano.

¿Su delito? No haber estado de acuerdo con el régimen totalitario que ya en 1959 él se percató que Fidel Castro quería implantar en Cuba.

Tania Quintero

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Me cambiaron las preguntas: Gilberto Santa Rosa y Rubén Blades

Me cambiaron las preguntas es una de las diez canciones que podemos escuchar en Irrepetible (Sony Music Latin), el último disco del puertorriqueño Gilberto Santa Rosa. Los otros números se titulan: Vodka con limón, Vivir sin ti, La ventana, Por qué no viene, por qué no llama, Aunque llueva, Ella, Hoy por siempre y para siempre, y Hay que dejarse de vaina (TQ).

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Al agente 007 se le acaba el plazo

El empresario chileno, Joel Max Marambio Rodríguez, bautizado por la prensa como “el agente 007 de Fidel”, hasta el lunes 23 de agosto, tiene plazo para presentarse ante el instructor del Ministerio del Interior, teniente coronel Francisco Miguel Estrada Portales. Transcurrido el término, sin personarse, el proceso penal iniciado en su contra podría ser tramitado hasta la resolución definitiva que dicte fallo condenatorio.

¿Cómo llegó un íntimo y protegido de Fidel Castro, a manejar los negocios en un holding de empresas que mueve más de 100 millones de dólares anuales? ¿Por qué un amigo de la revolución cubana durante más 40 años se convertiría en su adversario? ¿Será un ajuste de cuentas, por haber traicionado a su “padrino”, o sus pasos eran vigilados hace tiempo?

Hay muchas preguntas sin respuestas. Algunas serán contestadas en el acto del juicio oral, donde el empresario chileno, que tiene la llave de la caja de los secretos, al parecer será juzgado en su ausencia.

Marambio, de 63 años, ex guardia personal del derrocado presidente Salvador Allende y ex amigo personal de Fidel Castro, es acusado por el gobierno cubano de los delitos de cohecho, actos en perjuicio de la actividad económica o de la contratación, malversación, falsificación de documentos bancarios y de comercio, y estafa.

El comerciante, propietario del International Network Group (ING), era socio del Estado cubano en la empresa mixta Alimentos Río Zaza, dedicada a la producción de jugos, lácteos y bebidas alcohólicas para el mercado cubano por divisas y el extranjero.

A finales de 2009, la Controladuría General, órgano estatal subordinado al Consejo de Estado, presidido por el general de ejercito Raúl Castro, comenzó a investigar los negocios del empresario izquierdista en la isla.

Extraoficialmente se le vinculó con un escándalo de corrupción que involucró al destituido director del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba (IACC) y general de división, Rogelio Acevedo. Además, Max Marambio y su hermano Marcel eran socios del IACC en la agencia turística Sol y Son.

En la empresa Alimentos Rio Zaza fueron detenidos varios directivos, acusados de pagar sobornos, malversar fondos y desviar recursos al exterior. Lucy Leal, directora de ING, fue arrestada y es investigada.

Las autoridades cubanas no han declarado nada al respecto al escándalo. En abril, sin embargo, reconocieron que las empresas de Marambio estaban bajo investigación, cuando apareció muerto en su departamento, uno de los gerentes de Alimentos Rio Zaza, el chileno Roberto Baudrand, de 59 años, detenido en su domicilio en Cuba y sometido a interrogatorio. La autopsia realizada en La Habana y aceptada por la familia del fallecido, reveló que la causa de muerte fue una insuficiencia respiratoria combinada con el consumo de fármacos y alcohol.

Marambio, conocido en Cuba como “El guatón” (gordo), fue citado e interpelado en dos ocasiones por el  instructor Estrada, oficial a cargo de la investigación del caso. Los llamamientos se publicaron a través de dos notas del Ministerio del Interior, en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, órgano de divulgación de leyes y actos de gobierno en la isla. Hasta hoy no se ha presentado.

En la última citación, publicada el 19 de julio, el oficial Estrada llama al comerciante chileno para que comparecer ante él el día 29, previniéndole, que de no presentarse en la fecha indicada, se libraría una requisitoria, que con fecha 3 de agosto se libró. Ya el instructor del caso ordenó a los jefes de los cuerpos de policía y de Seguridad del Estado, la búsqueda, captura y presentación de Marambio en un plazo de 20 días.

La requisitoria vence el lunes 23 de agosto. Transcurrido el plazo sin haber comparecido o sin haber sido presentado el ausente, se le declara en rebeldía. El sistema judicial cubano prevé la continuidad de la tramitación del proceso contra el acusado declarado en rebeldía hasta su resolución definitiva, cuando se trata de delitos contra los intereses fundamentales, políticos o económicos de la nación.

El sistema judicial en Cuba ofrece pocas garantías a los encausados. El proceso penal en su contra se encuentra en fase preparatoria, momento en que se realizan las diligencias previas a la apertura del juicio oral.

Si Marambio regresa a la isla, tiene grandes probabilidades de terminar en la cárcel, como medida cautelar para asegurarlo. Hasta que ese momento no llegue, tampoco puede nombrar un representante legal para su defensa.

Todo parece indicar que la vía legal será el medio para ajustarle las cuentas. La publicación de la citación y requisitoria, en la Gaceta Oficial de la República de Cuba, es un requisito formal. El gobierno de la isla no tiene la intención de perseguir internacionalmente al empresario chileno.

El propósito es declararlo en rebeldía y enjuiciarlo en ausencia. En ese caso, se le designaría un abogado de oficio. Igualmente puede presentarse cuando quiera y dejar sin efecto tal declaración. Incluso, podría anular la sentencia firme dictada en su contra y ser oído en un nuevo enjuiciamiento.

Marambio pudiera ser una bomba de relojería para los hermanos Castro. Por lo que sabe y por lo que calla. Sospechamos que no va a regresar.

Iván García y Laritza Diversent

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La fuerza de lo pequeño

Entre periodistas libres y blogueros, quizás no pasen de 150 en toda la isla. Muchos aún debemos limar el estilo. A ratos pensamos bien, pero rimamos mal. En ocasiones las palabras nos ahogan. Y la mayoría carece de recursos para hacer periodismo o mantener en la red una bitácora.

El preso político y comunicador sin mandato Pablo Pacheco, desde el 13 de julio en libertad en España, gracias al diálogo entre el presidente Raúl Castro, el cardenal Jaime Ortega y el canciller español Miguel Ángel Moratinos, hacía su blog desde una cárcel a 400 kilómetros de La Habana, grabando sus posts por teléfono. Pacheco jamás había tenido un ordenador. Ahora ya lo tiene. En Málaga, donde vive con su esposa y su hijo.

Con las dificultades que escribía Pacheco, muchos siguen escribiendo en Cuba. En el dorso de papeles con membretes oficiales. Reciclando hojas que tengan un espacio en blanco. Todavía las máquinas de escribir son claves para residentes fuera de la capital. En agencias del oriente cubano, le sacan lasca a máquinas fabricadas en Alemania del Este.

El periodismo independiente cubano es digno de encomio. Las lagunas en materia de información y técnicas periodísticas que podamos tener los corresponsales libres, son las mismas en la mayoría de los reporteros oficiales.

Con la diferencia de que el periodismo oficial es más aburrido que el independiente. Trabajar para un órgano estatal suele lastrar la creatividad. Y uno está más cerca de ser un amanuense que un periodista. Ciertos temas sensibles los ”orienta” por teléfono un censor del gobierno desde su oficina.

El periodismo independiente cubano nació a mediados de los 90. Con mujeres y hombres decididos a cambiar las reglas de juego establecidas, como Indamiro Restano, Raúl Rivero, Rafael Solano, Rolando Cartaya, Ana Luisa López Baeza, Tania Quintero, Iria González Rodiles, Reinaldo Escobar y Jorge Olivera, entre otros que rompieron con los medios oficiales. A pesar del riesgo de ir a prisión, pensaron que valía la pena describir sin tapujos la realidad de su país.

Pudieron haber sido unos cínicos y oportunistas, como ciertos colegas de la prensa gubernamental. Algunos tenían reconocimiento oficial. Pero no quisieron tener un coche otorgado por el Estado ni viajar a eventos y foros sociales de la alborotada izquierda mundial.

Si hubiesen seguido siendo seguidores del régimen, hoy se codearían con Fidel Castro y tendrían que soportar a pie firme las monsergas sobre la indetenible guerra atómica que según Castro se nos viene encima.

Se libraron de escuchar en silencio y optaron por ser hombres libres. Lo pagaron con la cárcel, detenciones arbitrarias, actos de repudio y el exilio.

La nueva camada de periodistas independientes, salvo excepciones, no tiene formación profesional. Tampoco trae consigo ese miedo en el cuerpo padecido por quienes laboran en los medios estatales. Los hay brillantes como Luis Cino, Víctor E. Sánchez, Evelyn Ramos, Luis Felipe Rojas y Laritza Diversent.

Desde 2007, ha habido una implosión de blogueros. Varios tienen una preparación intelectual. Ya no es sólo Yoani Sánchez. Jóvenes como Claudia Cadelo y Orlando Luis Pardo tienen bitácoras muy seguidas.

Algunos poseen currículos académicos y sobrepasan los 50 años, como Miriam Celaya y Dimas Castellanos que, en mi opinión, hacen los mejores blogs de análisis político escritos en la isla.

Con dificultades de todo tipo, tanto los periodistas libres como los blogueros alternativos, se han anotado un gol importante. Abrieron una brecha en el férreo muro del monopolio de la noticia que tenían el partido y el gobierno cubanos.

Ya sus opiniones y análisis cuentan para los estudiosos del tema Cuba. Lo pequeño a veces trae consigo vientos con fuerza de huracán. Si lo dudan, pregúntele a los hermanos Castro. Bastante guerra les han dado.

Iván García

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No dice nada, pero hace bulla

En San Germán, mi pueblo, hay una emisora llamada Radio SG, La Voz del Azúcar. De más está decir que es estatal, y sus locutores parece que viven en un mundo paralelo al nuestro.

Una locutora suele decir: “Este programa es para usted amigo conductor, que en estos momentos pasea en su auto por las calles de nuestra ciudad”. Es como para desternillarse de la risa. Los que conocen este municipio de la provincia de Holguín, saben que no es una ciudad, y son contadas las personas que tienen autos. Y ninguno con radio.

Aunque es una zona agrícola, lo único que ahora mismo se consigue es tomate. Y ahí va la despistada locutora, Yordanka Casanova: “Elabore una comida rápida y fácil de hacer. Arroz con mariscos, sazonado con una copa de vino”.

Es para encabronarse. Ese comercial no da risa. El público piensa que Yordanka se está burlando. Y así por el estilo, lo mismo anuncia la eminente llegada de Cristo, que el fin de nuestras penurias con un milagro agrícola que llegará gracias al enfoque dialéctico-materialista de la revolución.

En ocasiones el despiste es mayor, como cuando divulgaron la receta del dulce de avellana. “Usted raya o muele las avellanas, las pone en agua hirviendo, le agrega azúcar al gusto, y ya está. Si no tiene avellanas puede sustituirla por coco”. Haberlo dicho antes! Yo mismo, nunca he visto una avellana en mi vida!

Esas cosas ocurren diariamente, y no significa que la emisora no sea de utilidad social. Tiene una sección en la que pasan anuncios como éste: ”Se vende radio receptor marca VEF, en buen estado. Los interesados pueden localizar a Alan Brito en calle 30 final, La canoa, detrás de Luisito el mago”.

El locutor Ernesto Suárez celebró el cumpleaños de Ariadna, la estomatóloga, una de las mujeres más respetables del pueblo, con nada más y nada menos que con la canción Pobre diabla. Y a los viejitos del hogar de ancianos los felicitaron con Cavaste tú tumba. Los trabajadores de Radio SG no son malos, pero tienen que hacer un esfuerzo extraordinario para no reflejar la realidad que vive el pueblo.

Por estos días, divulgan los nombres de las personas que deben dinero al banco por los equipos y ollas de cocina, vendidos por el Estado hace un tiempo, aclarando que estos morosos recibían ayuda del seguro social. “La situación económica de esta gente no es motivo para no pagar”, dijo otro locutor.

Uno de los grandes problemas de San Germán es que el agua siempre anda perdida. Pero según los de la emisora, eco de la propaganda oficial, “las próximas guerras en el mundo se librarán por el dominio del agua, que Qatar y Francia la importan, y que en Japón no hay ni para echarse en un ojo”.

Mientras, la población confía que un día se termine de construir el acueducto, que llevamos 20 años esperando. ¡Y quisiéramos tantas cosas! Pero bueno, es lo que hay. Radio SG es fiel reflejo de lo que es Cuba hoy. Una sugerencia: la emisora debiera llamarse Radio Cabuya. No dice nada, pero hace bulla.

Yosvani Anzardo Hernández/Periodista independiente, director de Candonga, periódico digital

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