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‘ Hacer santo': un negocio próspero en Cuba

Daniel, 39 años, hizo un viaje de 6 mil kilómetros desde España, para ‘hacerse santo’ en La Habana. Compró un billete rebajado  de Iberia y trajo en su cartera los ahorros de diez años como programador informático.

Todo empezó una noche cualquiera cuando se reencontró con un amigo de la infancia. Al hombre las cosas le iban bien. Vestía un traje marca. Y manejaba un Mercedez de 50 mil euros.

Luego de unas copas, le contó que había progresado gracias al ‘santo’ realizado en Cuba. “Las cosas pintaban negras para mi amigo. En unas vacaciones en la isla conoció a su actual mujer. La madre de ella era santera. Y lo convenció de que cuando se ‘hiciera santo’, las cosas iban a cambiar. Y cambiaron”, dice Daniel, quien en vez de hacer el Camino a Santiago, decidió hacerlo a La Habana, con la esperanza de tener igual suerte.

Según cuenta, lleva una vida jodida en España. Y pensó que valía la pena gastar 10 mil euros para salir adelante. Quizás le sobre un vuelto. A día de hoy, en Cuba el ‘santo’ a un extranjero cuesta entre 3 mil y 4 mil euros. Depende del santo u orisha.

Olga, experimentada santera, aclara que no cuesta lo mismo hacerse Eleguá que Obatalá. O Shangó. Para forasteros como Daniel se ha montado toda una industria de la santería. Suecos, japoneses o españoles tienen un amplio abanico de opciones a la hora de ‘hacerse santo’. Eso sí, de sus país tienen que traer todos los andariveles, empezando por la ropa blanca.

Los babalaos sobran en la isla. Hay hasta competencia. El Estado, que antaño obstaculizaba las religiones afrocubanas, se ha sumado a la fiesta. Y si usted no es un severo crítico del régimen, puede pertenecer a la Asociación Yoruba.

Esta Asociación tiene una sede oficial, en Prado y Monte. Y con solo de levantar el teléfono, los atienden personajes poderosos del comité central del partido comunista. La letra del año de los babalaos oficialistas la emiten los medios nacionales.

Para caer en gracia, a ratos, le hacen ofrendas a la ‘prenda’ de Fidel Castro. Y oran por la salud del viejo guerrillero, de quien por cierto, en estos días se rumora que se encuentra grave.

Luego babalaos y santeros van a lo suyo. Hacer plata. Tienen cientos de ahijados extranjeros. Y cubanos de éxitos. De un tiempo acá, existe una sociedad disidente de la religión afrocubana. Son independientes del gobierno. Y sus caracoles hablan distinto a los de su par oficial.

Son críticos con el statu quo. Pero al igual que los favorecidos por el régimen, muchos de sus babalaos tienen un signo de dólar en la frente. Es su estrella.

‘Hacerse el santo’ en Cuba es un negocio boyante. Hace rato  dejó de ser una “onda folclórica”. Ya seas mandamás del partido, músico de nivel o estirado intelectual, cada vez más abundan los que detrás de la puerta de sus casas tienen un Eleguá.

Cuando las cosas se tuercen, los ‘padrinos’ imploran a sus ‘ahijados’ que se ‘hagan el santo’. Y a gastar dinero se ha dicho. Hay tres tarifas. A extranjeros como Daniel el ‘santo’ le sale caro. A los cubanos residentes en Estados Unidos les cuesta más, pero no tanto como a un despistado finlandés. A los cubanos de la isla, el precio es más barato. Bueno, depende lo que usted entienda como barato.

Un ‘santo’ puede costar entre 10 mil y 15 mil pesos (420 y 650 dólares) de acuerdo al tipo de ‘santo’ y el aprecio o ambición de su ‘padrino’. Eso sí, no es nada comparable a los 6 mil dólares que le cobraron a Richard, un canadiense casado con una mulata habanera.

De cualquier manera, ‘hacerse santo’ significa el salario de dos años de un obrero cubano. Y puede que más. Los motivos para ir al ‘trono’ varían. Desde problemas de salud. Ansias de prosperar. Hasta líos con la justicia.

O una moda. A quienes les sobra el dinero les gusta ‘hacerse santo’ para tener una ‘protección’. “Y un amuleto de resguardo”, confiesa Miriam, contadora en un comercio.

Ella sabe por qué lo dice. Ha robado a las dos manos durante años. Y nunca ha ido a la cárcel. Ni siquiera ha tenido problemas con la justicia. Incluso salió bien librada de la auditoría practicada por el grupo de incorruptibles de Gladys Bejerano, al frente de la Contraloría de la República.

Ese aluvión de billetes que viene cayendo sobre los cultos afrocubanos ha traído sus consecuencias. Gente inescrupulosa que lucran con la fe. Farsantes. Pillos y buscavidas. Aunque por supuesto, hay algunos como Horacio, reconocido babalao, que sigue respetando las creencias.

Usted puede pasar a verlo en un solar desvencijado del Cerro. Sólo tiene que pagar un peso cinco centavos por la consulta. Y no tiene que comprar un animal vivo. O regalarle una botella de whisky. O una caja de tabacos Robaina. Si su caso tiene mala pinta, según la lectura de los caracoles tirados, Horacio le hace Arosohumbe. Un santo que sale gratis. Créalo o no.

Iván García

Foto: Marcus Encel. Santera cubana.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

3 comments

  1. por favor,,alguien me puede decir donde o como puedo encontrar un babalawo en cuba
    saludos

  2. hola, donde se puede ver al babalawo Horacio, alguna direccion, colonia o telefono que puedan proporcionar, gracias

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