Archivo categoría Las Cartas de Tania

Chanes, el cubano que estuvo 30 años preso

El presidio político más largo, injusto y olvidado ha sido el del cubano Mario Chanes de Armas (La Habana 25.10. 1927- Miami 24.2.2007).

Cuando después de más de 30 años lo excarcelaron, a Chanes le dieron para vivir un modesto apartamento, en un pasaje situado en la calle San Lázaro entre Carmen y Patrocinio, en La Víbora, muy cerca de una unidad de policía y al doblar de nuestra casa.

Pronto en el vecindario se supo que en el pasaje de San Lázaro estaba viviendo Chanes de Armas. A cada rato pasaba por ahí, para ver si lo veía y podía saludar. Durante el tiempo que fue vecino nuestro, sólo le vi dos veces, de lejos. Tenía ya todo el pelo canoso, pero aún caminaba con agilidad.

Mario Chanes de Armas había luchado contra la dictadura de Batista en los años 50. El 26 de julio de 1953 fue uno de los atacantes al Moncada, un cuartel militar de Santiago de Cuba, junto a un puñado de revolucionarios encabezados por Fidel Castro. Al igual que el resto de los enjuiciados por esa acción, fue enviado a cumplir su prisión en Isla de Pinos.

En mayo de 1955, Batista concedió una aministía general, y todos los prisioneros políticos fueron indultados, entre ellos los hermanos Castro y Chanes de Armas, quien marcha al exilio en Miami. A petición de Fidel, se traslada a México y participa en los preparativos de invasión a la isla por las costas orientales, en el yate Granma, el 2 de diciembre de 1956.

Numerosos expedicionarios resultaron muertos en enfrentamientos con el ejército. De los supervivientes, doce lograron internarse en las montañas de la Sierra Maestra. Chanes pudo escapar a La Habana, donde se incorpora a la lucha clandestina contra Batista en grupos de acción y sabotaje.

El 1 de enero de 1959, Chanes se encontraba detenido por la policía batistiana. Luego de ser liberado, al lado de las principales figuras revolucionarias, comienza a trabajar para que la sociedad cubana volviera a ser democrática y disfrutara de libertades. Meses más tarde, se da cuenta que dentro del poder hay fuerzas políticas que no desean restablecer la democracia, si no un comunismo al estilo soviético.

Al no compartir esas ideas, decide apartarse y retirarse a su casa. Entre los suyos, comienza a alertar de los peligros que se ciernen y de las consecuencias negativas que para el país tendría la implantación de una “dictadura del proletariado”.

En 1960 es mandado a arrestar por Fidel Castro, acusado de “conspirar de palabra” y de participar en un supuesto complot para asesinar al “máximo líder”, cargo que siempre negó.

Sin haber mostrado un arma, documentos ni pruebas de ese intento de asesinato, y sin haber pertenecido a ningún grupo opositor, Chanes fue condenado a 30 años de privación de libertad.

Después de haber cumplido 30 años y varios meses, y de haber recorrido casi todas las prisiones de la isla, Mario Chanes de Armas fue excarcelado el 16 de julio de 1991. En la cárcel supo del nacimiento y muerte, a los 22 de años, de Mario, su único hijo, y del fallecimiento de sus padres y un hermano.

¿Su delito? No haber estado de acuerdo con el régimen totalitario que ya en 1959 él se percató que Fidel Castro quería implantar en Cuba.

Tania Quintero

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Teófilo y su casa

Éste es Teófilo, quien junto a su familia espera que en cualquier momento las autoridades los desalojen de su finca. Y ésta es su casa, que no la derribarán, pero sí se las confiscarán:

Si quieren saber más de Teófilo, su casa y su familia, les sugerimos leer Esperando que los desalojen por la fuerza y Ministra pone a ciudadano en estado de indefensión.

Tania Quintero

Fotos: Carlos Hernando

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En 1988 los militares cubanos eran más abiertos

Cuando el domingo 8 de agosto Iván me dijo que al día siguiente estaba citado por la Contrainteligencia Militar y la Seguridad del Estado, no pensé que pudiera ser por alguno de los artículos donde él ha mencionado el rol de los militares cubanos.

Porque al lado de trabajos como Los planes del General, por sólo mencionar un ejemplo, Iván no dice nada que actualmente no se sepa, dentro y fuera de Cuba. Claro, el autor de ese texto, Enrique Collazo, vive en Madrid y a él no lo pueden citar y levantarle un Acta de Advertencia, como le hicieron a Iván.

Antes de pasar a contar mi experiencia con militares cubanos en 1988, no quiero pasar por alto un detalle.

El artículo que motivó esa citación, La liberación de los presos políticos refuerza a los militares cubanos fue publicado el 14 de julio. Y 25 días después, el 9 de agosto, es que citan a Iván. Demasiado tiempo si ellos consideraban que se trataba de un escrito negativo hacia la imagen de los militares. Más bien, parece que la citación fue motivada por el discurso de Raúl Castro, pronunciado el 1 de agosto, ocho días antes de la citación.

Cuando en 1988 Iván terminó el servicio militar, yo trabajaba como realizadora del programa televisivo Puntos de Vista. Fueron idea suya dos de los programas más exitosos que realicé: La Pelota y El Servicio Militar.

Iván fue quien me dijo que en noviembre de 1988 se cumplían 25 años de la implantación del servicio militar obligatorio en Cuba, Y me sugirió hacer un Punto de Vista. Me gustó la idea, siempre y cuando pudiero hacerlo con mi estilo, o sea con entrevistas amenas e igual número de criterios a favor o en contra del tema.

Se lo propuse al jefe de la redacción y le pareció muy bien. La Dirección Política de las FAR también estuvo de acuerdo. Como asesor fue nombrado un periodista militar, el teniente Bienvenido Rojas.

Al darnos luz verde, no tuvimos problemas para grabar en unidades militares. En una de ellas, en las afueras de La Habana, pudimos entrevistar libremente a jóvenes recién movilizados, entre ellos un hijo de Sergio del Valle, exministro del Interior, cuyas fuertes valoraciones salieron al aire.

El invitado principal del programa, cuya duración fue de 49 minutos (22 más de la habitual) fue Silvio Rodríguez, quien inició su carrera como cantautor mientras pasaba el servicio militar. La opinión más descarnada fue la de una mujer de la raza negra, que en la calle 23 y F, Vedado, entre otras cosas dijo en cámara: ”El servicio militar es una mierda”.

Con esas palabras abrí el programa. Le seguían tres o cuatro opiniones más y, a continuación, el título, sobre imágenes de reclutas y el tema musical del espacio, la canción No vivo en una sociedad perfecta, interpretada por su autor, Pablo Milanés.

El día de su estreno coincidió con una reunión de Raúl Castro, ministro de las FAR, con jefes militares. Según me contaron después, la reunión fue detenida a la hora en que iba a empezar el programa. Raúl Castro y los oficiales, no sólo lo vieron, si no que se rieron.

Unos días más tarde, cuando regresaba de almorzar del comedor del ICRT, en M entre 21 y 23, Silvio Rodríguez venía conduciendo el Lada blanco que entonces tenía. Cuando me vio, paró y me llamó. Me acerqué a la ventanilla. Silvio quería saber si no había tenido problemas por el programa. Y le conté que lo había visto Raúl Castro junto a varios militares y les había gustado. Silvio me respondió: “Menos mal, porque si no les hubiera gustado…”.

¿Por qué en 1988 la alta jerarquía militar y el propio Raúl Castro eran más abiertos y tolerantes que en 2010? La respuesta puedo resumirla en dos palabras rusas: perestroika y glásnost.

No me consta que Fidel Castro tuviera las mismas simpatías por los cambios que estaban ocurriendo en la URSS, encabezados por Mijaíl Gorbachov y Boris Yeltsin. Pero sí que eran del agrado de Raúl Castro, impulsor de una incipiente perestroika y glásnost criollas en la provincia de Pinar del Río, en la etapa en que Fidel Ramos era primer secretario del partido en esa provincia.

Y digo más. Como a la Dirección Política de las FAR le gustó el desenfado con que hice El Servicio Militar, me pidieron grabar dos programas más en Pinar del Río. Uno, dedicado a los domingos de la defensa y a experiencias de supervivencia llevadas a cabo en el municipio de San Cristóbal -preludio del “período especial” implantado en 1990 en toda la isla. Y el otro, sobre esa perestroika pinareña, que creo le llamaban “proceso democratizador de las masas”.

Realicé los dos programas. Para el primero volví a contar con la asesoría de Bienvenido Rojas. Y para el segundo, Raúl Castellanos, en ese momento vicejefe del departamento ideológico del comité central del partido, me facilitó la lectura de una serie de actas de reuniones, entre otros documentos, relacionados con las innovaciones políticas que estaban teniendo lugar en Pinar del Río.

A este segundo programa le puse Democracia pinareña o de masas, no recuerdo bien, un título que no gustó porque en Cuba, si hay dos palabras que la gente teme pronunciar, ésas son democracia y libertad. A la hora de editar, al no encontrar una imagen adecuada, inserté un plano largo, en movimiento, de una carretera que el camarógrafo me había grabado desde la “guagüita” (ómnibus) utilizada para los desplazamientos del equipo de la televisión.

Luego de varias discusiones, durante las cuales a capa y espada defendí mi trabajo, ninguno de los dos programas fueron trasmitidos. Los censores, debo aclarar, no fueron los militares, sino burócratas del departamento ideológico del partido, siempre con miedo en el cuerpo, para no perder su puesto.

Veintidós años después, puedo asegurar que nadie me lo contó. De primera mano, pude constatar que en Cuba, en esa época, no sólo entre la población la perestroika y la glásnost tuvieron muchos seguidores, si no también entre militantes del partido y miembros de las fuerzas armadas.

Tania Quintero

Foto: Google-Imágenes. Edificio del Ministerio de las Fuerzas Armadas, en la Plaza de la Revolución.

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Cuando no hay Twitter para enviar noticias

Si Iván García hubiera tenido Twitter, BlackBerry, Iphone, Ipod Touch o Ipad, los lectores de El Mundo hubieran conocido con más inmediatez esa noticia de la citación oficial que militares cubanos le hicieron, y después lo que hablaron con él.

García tiene un móvil, sin Twitter. Y en ese momento, además, sólo le quedaba un peso cubano convertible (menos de un dólar), por lo que tuvo que reservarlo para hacer o recibir llamadas urgentes o importantes.

Bueno, tiene más que yo: nada más poseo un teléfono fijo, que por suerte funciona las 24 horas. Desde Lucerna, Suiza, donde vivo, las llamadas a La Habana cuestan un ojo de la cara. Aunque pago abonamiento internacional, las cuentas telefónicas mensuales suelen rondar los 400 francos suizos (chf). A veces más, como en julio, 572.05 chf.

Pese a ese atraso tecnológico, los trabajos que Iván me envía para que se los revise, le ponga fotos y los remita a El Mundo/América o al administrador de su blog, salen enseguida de mi desfasado ordenador.

Todo depende de que uno tengas ganas de trabajar y no dejar que te ahogue toda esa parafernalia tecnológica, con la cual, está demostrado, se puede vivir. Sin estar pendiente de un aparatico con una pantallita lumínica y unas palabras abreviadas.

Si nos comparamos con esos reporteros que andan con lo último de Microsoft, Apple encima, entonces los dos somos unos comunicadores pobrísimos.

Pero si nos comparamos con quince años atrás, cuando los dos comenzamos a escribir como periodistas independientes, hemos mejorado muchísimo. Al menos, ya no tenemos que escribir las noticias a mano y dictarlas por teléfono.

Tania Quintero

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Juan Carlos perdió a su única hija

Juan Carlos Herrera Acosta, periodista independiente de la Agencia de Prensa Libre Oriental, condenado a 20 años en abril de 2003, es uno de los cinco excarcelados cubanos que en los próximos días viajará a España, acompañado de su esposa, Ileana Danger, y algunos familiares.

Durante los siete años y siete meses de cárcel, Juan Carlos pasó por uno de los momentos más duros que puede pasar un ser humano, sobre todo cuando se está preso: perdió a su única hija.

El 12 de marzo de 2008, en un accidente de tránsito moría Lianet Herrera Disco, de 14 años, mientras viajaba en un ómnibus desde La Habana a Guantánamo. La madre de Lianet, Elizabeth Disco Tito, de 31 años, y una hermanita de 2 años, Elianet González Disco, también fallecieron.

El 12 de junio, Juan Carlos fue trasladado de la prisión Cubasí, de Holguín, al Combinado de Guantánamo. “Me acercaron a mi provincia, pero me alejaron de mi familia. No les basta con lo que he sufrido”, dijo al enterarse del cambio y definió a la cárcel guantanamerca como “un antro de terror”, que ya conocía de un anterior encierro en ese penal.

Herrera recibió el traslado como una venganza. Por su actitud contestaria, en todo este tiempo, las autoridades lo han mantenido en “régimen de máxima severidad”. Las visitas a los prisioneros bajo este régimen son cada tres meses.

Juan Carlos Herrera Acosta ha realizado varias huelgas de hambre exigiendo sus derechos y se ha cosido la boca como protesta contra las pésimas condiciones en que ha purgado su condena.

Tania Quintero

Foto: Aplopress

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La lección de Paneque

Después de Ariel Sigler Amaya, de los pocos presos políticos excarcelados que a simple vista se ven depauperados se encuentran José Luis García Paneque, Antonio Villarreal Acosta y Omar Ruiz Hernández.

El resto tal vez clínicamente esté peor, pero no lo aparentan. La mayoría de los veinte llegados a España tienen buen aspecto físico, que mejorará cuando les crezca el pelo, se puedan hacer un corte de cabello más moderno y vestir mejor.

Algunos han salido mucho más gordos que cuando ingresaron en prisión. Detalle que es comentado hasta en foros de internet y sería bueno explicaran.

Porque en estos siete años hemos estado leyendo que entre las infernales condiciones de las cárceles cubanas, se encontraba la pésima alimentación. En este blog publicamos un post titulado Lo que come un preso cubano, escrito por Efrén Fernández Fernández (La Habana, 1963), condenado a 12 años en 2003.

En los presos comunes se puede entender, porque las visitas familiares son más frecuentes, cada 21 días, pero las de los prisioneros políticos, siempre se ha dicho, es cada dos o tres meses. Y por muchos alimentos no perecederos que en super jabas o jolongos les lleven, es casi imposible alargarlos para ese período de tiempo.

Además, con frecuencia medios disidentes reportaban que presos políticos habían decidido protestar haciendo ayunos y huelgas de hambre, que se supone hagan bajar de peso. Sin contar que en ocasiones los carceleros les castigaron suspendiéndoles las visitas familiares y durante un número mayor de meses se habrían quedado sin recibir alimentos de los suyos.

Uno de los prisioneros políticos y de conciencia que más kilos perdió fue José Luis García Paneque (Las Tunas, 1965), médico de profesión, condenado a 24 años de privación de libertad en 2003.

Desde Cullera, una de las ciudades más hermosas de Valencia, Paneque ha preferido hacer y no decir. Y en las páginas de La Información, ha comenzado a publicar una serie titulada Diario de un cubano exiliado.

Tania Quintero

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Operación Habana-Madrid

Cuando el canciller español Miguel Ángel Moratinos aceptó recibir en España a los 52 presos políticos que restaban de la primavera negra de 2003, no calculó que la Operación Habana-Madrid se convertiría en un mini-Mariel aéreo.

En Cuba, todo había sido bien diseñado y calculado por el Ministerio del Interior, que cuando la ocasión lo requiere, deja a un lado chapuzas, atropellos y descalificaciones verbales. Con un interlocutor especial: el cardenal Jaime Ortega.

Al cardenal le tocó la ingrata tarea de llamar a las cárceles e ”invitar” a los presos a abandonar el país en un vuelo con destino a Madrid.

Ya la comunicación telefónica con las esposas ha sido más fácil. Aunque no con algunas Damas de Blanco, dispuestas a mantener su colectivo femenino contra viento y marea.

Entre el 12 y 24 de julio, 20 prisioneros políticos, con más de cien familiares, se marcharon de la isla en vuelos de Air Europa e Iberia. Salieron desde el Aeropuerto Internacional José Martí. Con pasaportes cubanos en sus bolsos, pero con una categoría migratoria indefinida.

Cuando la Operación Habana-Madrid parecía marchar sobre ruedas -al menos desde el punto de los dos gobiernos- los Estados Unidos entraron en escena. En entrevistas personales en la Sección de Intereses de Washington en La Habana, se ofrecen como alternativa para aquellos presos y sus parientes que prefieran USA a la Madre Patria.

Pero tienen que solicitar asilo en la isla y no en la península ibérica. Los americanos no parecen dispuestos a acelerar los trámites a los  excarcelados, que como mínimo pueden demorar 18 meses. Tiempo suficiente para que las autoridades cubanas cambien de parecer y como sus condenas permanecen, corren el riesgo de volver a la cárcel.

De las otras naciones, sólo Chile se había declarado en condiciones de recibir a cuatro expresos cubanos con sus familias,

Hasta la fecha, 10 prisioneros políticos estaban renuentes a ser deportados. Si sumamos los 20 que ya se encuentran en España, más los 10 renuentes, tenemos 30. O sea, de un total de 52, quedarían 22 que no se sabe qué propuesta aceptarán. También se desconoce cuándo soltarán a quienes desean permanecer en su patria.

Lo que sí ya se sabe es que la Operación Habana-Madrid no ha concluido.

Tania Quintero

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Nunca llueve a gusto de todos

Tratándose de Cuba, es muy difícil, por no decir imposible, poner a todos de acuerdo. Ni dentro ni fuera de la isla.

Sucede con el insólito diálogo entre el presidente Raúl Castro, el cardenal Jaime Ortega y el canciller español Miguel Ángel Moratinos. La negociación a tres bandas ha sido contrarreloj. Todo parece prendido con alfileres. Con cabos legales sin atar.

En ¿Liberación o destierro forzoso? la abogada y periodista independiente Laritza Diversent, cuestiona los procedimientos en el proceso de excarcelación de los 20 presos políticos que hasta la fecha han viajado a España acompañados de familiares.

Diversent tiene razón. Pero al margen de opiniones favorables o negativas, lo cierto es que España ha ofrecido una oportunidad a una veintena de cubanos después de siete años y cuatro meses encarcelados. Si ellos y sus parientes saben aprovecharla, podrán rehacer sus vidas.

No es poca cosa, poder residir en un Estado de derecho y al igual que el resto de sus ciudadanos, disfrutar de una sociedad donde la democracia y la libertad de expresión y de asociación son una realidad.

Ya tres de los cubanos recién llegados y sus familiares, han comenzado una nueva etapa en Málaga, la patria chica de Pablo Picasso. Otros empezarán de cero en Cullera, Valencia, felices de tener tan cerca el Mediterráneo. Más lejos, en el norte, cinco habaneros descubrirán Gijón, con un puerto que les rescordará el de su ciudad natal.

Antes, durante y después de terminada la guerra hispano-cubana, cientos de miles de españoles se establecieron en Cuba. Se integraron y levantaron negocios, desde bodegas de barrio hasta importantes industrias, como Arechabala S.A.

Algunos inclusive cuando regresaron a España pusieron en práctica métodos aprendidos en La Habana. Es el caso de Pepín Fernández, César Rodríguez y Ramón Areces, quienes luego de trabajar en la tienda por departamentos El Encanto, en Madrid crearon Galerías Preciados y El Cortés Inglés. O los hermanos García Moyano, oriundos de Toledo, que a su dulcería en la capital cubana bautizaron La Gran Vía, y todavía hoy se recuerda como sinónimo de calidad.

Un día, por qué no, los hijos, sobrinos y nietos de estos expresos políticos, si se lo proponen, cuando en Cuba no arresten a nadie por pensar diferente y exista una economía de mercado, podrían regresar y fundar una cadena de restaurantes. O instalar una planta de energía solar. Al mejor estilo español.

Tania Quintero

Foto: genghis.postlethwaite, Flickr

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