Archivo categoría Desempolvando discursos
Desempolvando discursos (4)
Por admin - Desempolvando discursos - Abril 30, 2010
A Carlos Valenciaga ni a Felipe Pérez Roque les conocí personalmente, pero a Carlos Lage Dávila sí. Fue en 1976, cuando me contrataron para trabajar como mecanógrafa en el incipiente Comité Organizador del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, que se iba a celebrar en La Habana dos años después, en 1978. Lage entonces era presidente de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria) y nos dio una pequeña habitación en la casona donde radicaba la FEU, en la Calle 23 esquina a H, Vedado. Como era habitual en la época, se trabajaba sin horario, en ocasiones de madrugada. Y más de una vez intercambié saludos con él. Era un hombre sencillo y educado, médico de profesión, como su padre, y su madre, Iris Dávila, una afamada escritora de radionovelas. Por personas que años después trabajaron con él sabía que seguía siendo un hombre amable. En el exterior era muy bien valorado y se veía como uno de los sucesores de los hermanos Castro. No era de hacer grandes discursos ni demasiadas alabanzas. Pero a veces no le quedaba más remedio, como más abajo pueden leer. Junto a Felipe Pérez Roque, fue destiuido a principios de marzo de 2009. También a él le publicaron una carta en Granma.
Tania Quintero
Desempolvando discursos (3)
Por admin - Desempolvando discursos - Abril 1, 2010
El 9 de marzo de 2010, el periódico Granma informaba que “el Consejo de Estado, a propuesta de su Presidente, previa consulta con el Buró Político del Comité Central del Partido, acordó liberar del cargo de Presidente del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba a Rogelio Acevedo González y en su lugar promover al General de Brigada Ramón Martínez Echevarría, actual segundo Jefe de la Defensa Antiaérea y Fuerza Aérea Revolucionaria (…) Al compañero Acevedo González se le asignarán otras tareas”.
Apenas unos días antes, el 16 de febrero, Acevedo había presidido el acto nacional por el día de la aviación civil en Cuba, en los Jardines del Rey, Ciego de Ávila.
Se especula que Acevedo estaría involucrado en una trama de corrupción, con la cual también tendría que ver un viejo amigo del régimen, el chileno Max Marambio, alias El Guatón, y que por la misma fecha, se conocía que los Castro habrían decidido prescindir de sus servicios. Según rumores extraoficiales, ya se habrían producido detenciones. En la isla, quienes dicen que el dossier es de similares proporciones al Caso Ochoa, y que en el banquillo de los acusados también podrían sentarse los ministros del Interior y las Fuerzas Armadas, entre otros altos cargos militares y civiles.
Por lo pronto, el régimen capea como puede el temporal, pues al nuevo escándalo de corrupción se le une la repulsa mundial a partir de la muerte del prisionero político Orlando Zapata Tamayo y del acoso y atropello contra las Damas de Blanco.
El futuro de Rogelio Acevedo es una interrogante. Y antes que pase a ser no-persona y se esfume de la vida nacional (en el mejor de los casos) o lo guarden un tiempo a la sombra (cárcel), en vez de un discurso, hemos desempolvado una entrevista publicada en 2006, en un especial que el órgano del partido comunista dedicó al 50 aniversario del desembarco del yate Granma y el 80 cumpleaños de Fidel Castro.
Tania Quintero
Desempolvando discursos (2)
Por admin - Desempolvando discursos - Marzo 31, 2010
Mi padre decía que él prefería a las personas que lo criticaran a las personas que lo adularan. Tenía razón: de los guatacas siempre hay que dudar.
Si algo tienen en común las palabras de Carlos Valenciaga, publicadas en el anterior Desempolvando discursos, y las de Felipe Pérez Roque, que a continuación podrán leer, es la alta dosis de guataquería. Puede que tanto ’Carlitos’ como ‘Felipito’ de verdad quisieran a Fidel Castro y lo tuvieran como un dios.
Pero apenas tres años después de todas esas alabanzas al “máximo líder”, Pérez Roque fue onerosamente destituído. Y fotos y videos suyos en pachangas dominicales, donde además de cerveza bien fría y lechón asado no faltaban las críticas al comandante y el general, le dieron la vuelta al mundo en 2009.
A diferencia de Valenciaga, al excanciller le publicaron una carta en Granma. Ya destronado, vuelve a reiterar su “fidelidad a Fidel”. El colmo de la guataconería!
Tania Quintero
De blanco, en Miami y en La Habana
Por admin - Desempolvando discursos - Marzo 26, 2010
Fotos: EFE. Gastón de Cárdenas en Miami, y Alejandro Ernesto en La Habana. Jueves 25 de marzo de 2010.
Desempolvando discursos (1)
Por admin - Desempolvando discursos - Enero 29, 2010
Con las palabras pronunciadas por Carlos Manuel Valenciaga Díaz, el 27 de junio de 2002 en el Palacio de Convenciones de La Habana, en ese momento secretario
personal de Fidel Castro y miembro del Consejo de Estado y del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, damos inicio a la publicación de intervenciones y discursos pronunciados por dirigentes de la revolución en distintos años y contextos. Siempre llevarán el mismo título, con un número al final, y serán archivados en una nueva carpeta, Desempolvando discursos. Cuando sea preciso, a modo de introducción, haremos un comentario, como en este caso.
Seis años después de las apasionadas palabras que más abajo leerán, Carlos Valenciaga fue separado de su cargo, sin mucho bombo ni platillo. Había comenzado a ser objetivo del Departamento de Seguridad del Estado el 16 de septiembre de 2006, por la fiesta que ese día realizó por su cumpleaños en una sala del Palacio de la Revolución, cerca de donde su jefe, Fidel Castro, se encontraba convaleciente después que dos meses antes hubiera estado al borde de la muerte.
En un video que en 2009 circuló en la Isla entre militantes del partido, Raúl Castro aparece mostrando una foto de ’Carlitos’, como por su juventud le decían, en plena pachanga, con gorra de comandante y una botella entre las piernas.
Valenciaga sería destituído en 2008. Y a modo de castigo, enviado a trabajar como un simple empleado en los archivos polvorientos de la Biblioteca Nacional, edificio situado a un costado del
Palacio de la Revolución. Una sanción subliminal: para que todos los días vea el lugar donde una vez tuvo un alto puesto y un confortable despacho.
Por la cabeza del ayudante del ‘máximo líder’ en ningún momento pasó, que la Seguridad había grabado conversaciones telefónicas suyas de doble sentido con Carlos Lage (defenestrado en marzo de 2009). Tampoco imaginó que a partir de septiembre de 2006, luego de la bachata de cumpleaños, estaba siendo estrechamente vigilado por la policía política.
Y sin imaginar (y si lo imaginaba se hizo el sueco) que le habían empezado a serruchar el piso, en julio de 2007 pronuncia un discurso en el teatro Karl Marx, en el acto de la primera graduación de la Universidad de Ciencias Informáticas, cuyas siglas, UCI, es la utilizada en los hospitales cubanos para identificar a las ”unidades de cuidados intensivos”.
En julio de 2008, cuando le quedaban pocas semanas de vida política, vuelve a hablar en la segunda graduación de la Universidad de Ciencias Informáticas, en el mismo teatro. Para cada ocasión usó distintos trajes y corbatas, pero este discurso iba a ser el último de su contradictoria existencia.
Lo ocurrido con este representante del “hombre nuevo”, cujeado al fragor de la “batalla de ideas”, en mi opinión deja dos lecciones:
La primera, la hipocresía y doble moral que en Cuba pueden tener altos cargos dentro del partido y el gobierno, que al igual que los curas suelen decir: “Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago”.
La segunda, la cínica forma de actuar del Departamento de Seguridad del Estado, que en cotubernio con el Partido Comunista y el Estado, en vez de llamar a contar a Valenciaga a raíz de esa celebración de cumpleaños y sancionarlo o destituirlo, le dejan dos años más en el cargo, estrechamente vigilado y ‘dándole cuerda’, para sacarlo de circulación cuando les conviniera.
Es la faceta masoquista de todos los regímenes totalitarios. En lugar de tolerar a las personas que con honestidad, ‘a camisa quitá’, sin careta, pacífica y civilizadamente, dicen y escriben lo que piensan, prefieren tener que dedicar cuantiosos recursos a estar escuchando conversaciones y vigilando a montones de dirigentes, militares, funcionarios y militantes partidistas.
Porque a medida que pasan los años, la Seguridad del Estado sabe que el descontento va en aumento. Inclusive entre quienes a voz en cuello dicen ser fieles baluarte de la revolución y leales seguidores de los hermanos Castro. Como Valenciaga dio a entender en su discurso de patria o muerte.
Tania Quintero






















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