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11J, la revolución ciudadana en Cuba

11J, la revolución ciudadana en Cuba

Hace 55 años, cuenta Gilberto, ganadero jubilado, bajo una fina lluvia invernal escuchaba un discurso de Fidel Castro en la inauguración del plan genético pecuario Valle de Picadura, actual provincia de Mayabeque, a poco más de 80 kilómetros al este de La Habana. “Yo alucinaba. Fidel describía un futuro increíble. Dijo que Cuba superaría a Holanda en la elaboración de quesos y leche pasteurizada y produciríamos tanta carne de res que además de satisfacer la demanda interna, competiríamos con Argentina y Uruguay, líderes mundiales en la exportación del oro rojo, como le llamó a la carne vacuna”.

En el Valle de Picadura, un lugar de paisajes maravillosos, se construyeron vaquerías con aire acondicionado y los últimos adelantos tecnológicos en el ordeño mecánico. “Fidel estaba al frente de la genética. Con el cruce de la Holstein canadiense y ganado de elevado rendimiento de Estado Unidos se creó la F-1 y F-2, en evocación al comandante. El científico francés Andrés Voisin nos enseñó técnicas modernas de pastoreo para alimentar el ganado. Al final todo fue un cuento. Valle de Picadura es hoy un pueblo fantasma. Hace doce años me mudé para San Antonio de los Baños, a 33 kilómetros al oeste de La Habana. Con mis ojos vi cómo se desarrollaron las protestas el domingo 11 de julio de 2021. El detonante fue el descontento acumulado”, rememora Gilberto y añade:

“Apagones de ocho horas al día, colas inmensas para comprar pan o un kilogramo de pollo, escasez de agua potable, pésima asistencia médica a los enfermos del Covid y una extensa lista de quejas y problemas sin resolver. Antes del 11 de julio, un grupo de personas nos habíamos congregado en el parque, frente a la sede del partido comunista, intentando tener una cita con algún funcionario importante. Como siempre nos pelotearon. Casi todos eran personas que en una etapa de sus vidas estuvieron integrados al proceso revolucionario. Pero ya la gente estaba harta. Hasta los militares que residen en la comunidad aledaña al aeropuerto de San Antonio estaban cansados de tanto descaro, de tanta mentira y mal trabajo del partido y el gobierno”.

En la madrugada del 11 de julio hubo un apagón de varias horas. El calor era tremendo. «Ya en las primeras horas de la mañana la cosa explotó. Fue algo espontáneo. Nadie organizó aquello. Comenzaron a sonar cazuelas y a gritar libertad. Después muchísima gente se lanzó a la calle. Yo también me sumé. Ha sido uno de los momentos más felices de mi vida. Creía que algo iba a cambiar para bien a partir de ese momento. No fue así. Un año después, estamos igual o peor. Siguen los apagones, faltan los medicamentos y el precio de la comida es tres veces más caro. Pero el salario de mi pensión es el mismo”, confiesa Gilberto.

Aquel domingo, cientos de habitantes de la localidad salieron a marchar por la calle principal de San Antonio de los Baños gritando consignas contra el presidente, pidiendo comida y medicinas y reclamando libertad. A Yoan de la Cruz, 21 años, se le ocurrió trasmitir por Facebook Live la marcha. “Vamos a caminar to’el mundo. Vamos a caminar por ahí pa’llá. A gritar to’el mundo. Ahí, cojones”, se escuchó decir en el video. De pronto entró en pánico y borró el audiovisual. Pero ya era tarde. Miles de personas en Cuba y en el extranjero ya lo habían compartido. Después del mediodía el video era viral.

Por efecto dominó, ése y otros videos generaron que en más de 50 ciudades de la Isla, miles cubanos salieran a las calles a protestar contra el régimen. En el sitio digital Yucabyte, el periodista independiente Darío Alemán Cañizares contó que Yoan presagió lo que le pasaría. “Creo que me van a meter preso, mamá”, dijo Yoan de la Cruz cuando entró nervioso a su casa y de un tirón cerró la puerta. La madre, Maribel, intentó calmarlo. “A nadie lo meten preso por hacer un video”. No se equivocó Yoan. El viernes 23 de julio, a las cinco de la tarde, la patrulla número 151 se estacionó frente a su casa.

“Coge tu celular y monta”, ordenó uno de los policías. Yoan obedeció sin resistirse. Durante doce noches había vivido esa escena, una y otra vez, en su cabeza, describió Darío Alemán en su excelente crónica. Tres meses después, la Fiscalía acusó a Yoan de presunto desacato y solicitó ocho años de prisión. Su único delito había sido grabar una manifestación pacífica que apenas estuvo dos horas en Facebook.

Para Bárbara Farrat, el 11 de julio presagiaba un domingo cualquiera. En un caldero ennegrecido de hierro, tostaba maní que luego vendería en las paradas de ómnibus cercanas a su domicilio. Sobre las tres de la tarde, los videos que Yoan y otros subieron a Facebook, circulaban por todo el país. Bárbara recuerda un “montón de gente bajando por la Calzada de Diez de Octubre. Jamás me había metido en política. Pero estaba cansada de tanta miseria, cargando cubos de agua y sobreviviendo a duras penas, vendiendo maní. Hubo un momento en que la policía comenzó a disparar. Salí a buscar a mi hijo que estaba con unos amigos del barrio. La calle parecía una zona de guerra. Carros de patrullas volcados, cristales de tiendas rotos y piedras que volaban de un lado a otro. La policía fue la que comenzó a reprimir y a disparar”.

Su hijo Jonathan Torres Farrat, de 17 años, fue detenido el 13 de agosto. A pesar de ser menor de edad enfrentaba una petición fiscal de 8 años de privación de libertad. Las contínuas protestas de su madre en las redes sociales y la condena internacional al régimen por encarcelar a 15 menores de 18 años fue un arma de presión. El 25 de mayo las autoridades decidieron dejar en libertad condicional a Jonathan.

El 11 de julio, Consuelo y su esposo Maikel veían el partido de Italia e Inglaterra en la final de la Eurocopa cuando escucharon a cientos de personas que desfilaban por la calle Monte gritando libertad y democracia. “Esto se jodió, fue lo primero que pensamos. Nunca habíamos visto a tanta gente tan feliz. Estaban desatadas. Es como cuando te quitas una máscara y dejas de fingir. A pesar de la pandemia, personas desconocidas nos abrazábamos. Cuando llegamos a Prado comenzó la violencia. Decenas de militares vestidos de civil con garrotes, tonfas y sprays, empezaron a golpear a los manifestantes, que enseguida se dispersaron, espantados. Había escuchado sobre la represión durante la dictadura de Batista y lo que viví no fue muy diferente”, relata Consuelo.

Las protestas del 11 de julio de 2021 han sido las más multitudinarias en Cuba. Se calcula que entre 80 mil y 100 mil personas salieron a las calles a protestar en medio centenar de localidades de toda la Isla. Las protestas continuaron al día siguiente. El lunes 12 de julio, en el barrio pobre, mestizo y negro de La Guinera, cientos de jóvenes fueron reprimidos con gran dureza por tropas élites de la policía y el Ministerio del Interior. Diubis Laurencio Tejeda, de 36 años, fue ultimado con un disparo en la espalda por un agente del orden. Los familiares de la víctima no tienen información que el agresor haya sido juzgado.

Las protestas del 11 de julio marcan un antes y un después en el enfrentamiento al castrismo en Cuba. Fidel Castro decía que uno de los fundamentos de su revolución eran los lazos con las clases más pobres y que su narrativa estaba diseñada para dar voz y ofrecer oportunidades a los más humildes de la sociedad. A los adversarios, los tildaba de pequeños burgueses, desclasados o simplemente delincuentes y escorias. Castro afirmaba que contaba con el apoyo de más del 90 por ciento de la población.

Tal vez eso fue así hasta fines de la década de 1980. La caída del Muro de Berlín en 1989 y la desaparición de la antigua URSS en 1991, alentó a un buen número de seguidores de la revolución a apostar por un socialismo democrático de rostro humano. Pero a los Castro jamás les interesó la democracia ni un gobierno transparente y participativo.

El 5 de agosto de 1994, en medio de una economía de guerra impuesta por el llamado ‘periodo especial’, con apagones de doce horas y una sola comida al día, miles de habaneros se lanzaron a la vía pública en los perímetros de Centro Habana y Habana Vieja. Aunque se gritó Abajo Fidel, la mayoría quería irse del país, emigrar.

El 11 de julio la gente exigía democracia, libertad, comida, medicinas… Y no faltaron cánticos descalificando al mandatario Miguel Díaz-Canel. Un apunte necesario es resaltar que esas protestas no fueron organizadas ni lideradas por la fragmentada oposición, que no cuenta con poder de convocatoria entre la ciudadanía.

Los antecedentes del 11J son el Movimiento San Isidro, fundado por Luis Manuel Otero Alcántara, un artista visual disidente quien por su carisma, perfomances, directas en Facebook y sus huelgas de hambre, conectó con miles de cubanos de a pie. Mayara, residente en el barrio de San Leopoldo que participó en las protestas del 11 de julio, afirma que “muchos vecinos de esas zonas pobres nos sentíamos reflejados en lo que contaba Luis Manuel en las redes sociales. Lo veíamos como uno de nosotros”.

La gente que vive en los barrios marginales y duros de La Habana obtuvieron voz propia con el uso de las nuevas herramientas de información. Hoy, cualquier cubano se convierte en un periodista ciudadano cuando con su celular hace una denuncia o graba el abuso policial. Decenas de madres, amas de casa, estudiantes, jubilados, trabajadores, intelectuales y hasta militares, condenan en duros términos al decadente régimen de Díaz-Canel, sus voceros y medios de propaganda.

En las redes sociales se publican las quejas de un pueblo cansado del colosal disparate económico, la incontrolada inflación, el burocratismo, la corrupción y falta de futuro. En su ocaso, la dictadura no termina de digerir, no acaba de entender, que en estos momentos, el ‘enemigo’ no son los opositores ni los exiliados, si no los cubanos de a pie, muchos de los cuales unos años atrás se consideraban ‘revolucionarios’ y eran fieles seguidores de los Castro, entre ellos militantes comunistas y combatientes internacionalistas. Pero ahora reclaman cambios profundos, quieren un sistema que a Cuba traiga libertad y prosperidad.

Si nos ceñimos a la historia, casi todas las revoluciones, a excepción de la estadounidense, comienzan reclamando democracia y justicia social y terminan transformadas en patéticas dictaduras. En la vida, incluida la política, todo tiene un comienzo y un final. A pesar de encontrarse en estado de coma, al régimen verde olivo le quedaría una última oportunidadr: iniciar una serie de reformas con la participación de todos los cubanos, sin importar credo ni ideología. Sería la salida más digna antes de perecer.

Iván García

Foto: Manifestantes el 11 de julio de 2021 frente al Capitolio Nacional. Imagen de Adalberto Roque de AFP tomada de On Cuba News.

Sobre admin

Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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