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“El culpable de la escasez de productos agrícolas y ganaderos es el Estado cubano”

Serafín, 69 años, nunca tuvo juguetes. Cuando cumplió 8 años el regalo de su padre fue una guataca y un azadón. Lo despertó a las 5 de la mañana y fueron a trabajar en un surco de cebollas. Le dijo “Si tu quieres que tus hijos y nietos tengan juguetes, tendrás que sacarlo de la tierra. Ella te dará tu presente y futuro. No hay otra opción.” Y así ha sido por más de cinco décadas.

Descendiente de canarios, fuerte como una ceiba y con la  presión arterial de un joven de 20 años, Serafín es dueño de una pequeña finca en la provincia de Sancti Spiritus, a 300 kilómetros al este de La Habana.

Para llegar a su finca hay que andar un trecho largo. Luego de pasar la descomunal presa Zaza, que parece un mar, tierra adentro, por un camino polvoriento donde el marabú y el verdor enseñorean el horizonte, y luego de cruzar una charca disminuida por la sequía severa, hay un villorrio de gente pobre que come poco y mal, pero bebe mucho ron. Justo detrás del caserío está la finca de Serafín.

En sus buenos tiempos llegó a tener decenas de árboles frutales y 120 vacas. Tierras fértiles que producían cientos de quintales de cebolla, arroz, verduras y hortalizas.

Todavía el viejo Serafín, sus hijos y nietos siguen viviendo de la tierra. Pero las políticas agrícolas del Estado no los estimula a trabajar. “Mire usted, Acopio (empresa estatal) paga sólo dos pesos con 80 centavos por el kilo de cebolla. Y la gente en el mercado la compra a 10 pesos la libra. Después que en 2008 el presidente Raúl Castro, para estimular la producción lechera, comenzó a pagar tres pesos por cada litro, yo entregaba casi mil litros diarios. Las cosas no me iban mal. Pero en noviembre del  año pasado subieron el kilowatt de 0.75 a 1.30 la hora. Y de 2,500 pesos (100 dólares) que pagaba de electricidad mensual estoy pagando casi 10 mil pesos (400 dólares), por lo que se encarece mucho la producción lechera y agrícola”, cuenta el campesino mientras se fuma un puro torcido a mano.

Según Serafín, el Estado les entrega los insumos a precios sin subsidiar. “Nos vende el galón de petróleo a 6 dólares. Y muy caras las semillas y herramientas de trabajo. Debido a la sequía, mi familia ha tenido que hacer inversiones comprando motobombas para extraer el agua de pozos y reservorios, disparándose el consumo eléctrico. Si a esto sumas que el 80% de nuestra producción la vendemos al Estado a precios irrisorios, entonces se entiende por qué existen tantas tierras baldías y repletas de plagas y marabú”.

Cuenta Serafín que durante un tiempo, él prefirió vender las reses al Estado en vez de hacerlas producir leche. “El colmo -dice Augusto, hijo menor de Serafín- es que a ratos tenemos que robarnos nuestra propia cosecha”. Y cuando llega el inspector alegan que fue hurtada (el robo se ha convertido en algo cotidiano en los campos cubanos), para tener así un remanente extra de alimentos a la hora de comercializar en los mercados agrícolas donde impera la oferta y demanda.

“El gobierno te obliga a mentir y trampear las cifras. Creo que ni a los antiguos feudales había que cederles un por ciento tan alto de productos. En los países que son potencias agrícolas como Estados Unidos, el gobierno subsidia a los granjeros. Es lógico, con la agricultura no se juega cuando hay que alimentar  a 300 millones de personas. Además de exportar alimentos para 2 mil millones más por todo el planeta”, apunta Serafín, un guajiro a quien le gusta leer y estar informado.

Para él, si de veras el régimen quiere llenar las mesas familiares de verduras, frutas y carne de cerdo y la gente desayune café con leche, debiera elaborar una ley donde al Estado se le venda no más del 15 o 20% de la producción.

“Leyes que te den una garantía. No regulaciones y orientaciones, que a la primera de cambio la sustituyen por otras según su conveniencia. No conozco ningún propietario de pequeños terrenos que no esté disgustado con el gobierno. Por eso cuando la gente recorre la isla, observará kilómetros y kilómetros de tierras sin cultivar. Nadie quiere trabajar la tierra. Es muy poco el estímulo”, afirma Serafín.

Antes de 1959, recuerda, en Cuba sobraban las frutas y hortalizas e incluso se exportaban. “Pero para que eso suceda, el gobierno debe cambiar sus abusivos métodos. El gran culpable de la escasez de productos agrícolas y ganaderos es el Estado cubano”, asegura. Así de simple.

Iván García

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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