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¿Podrán los cubanos hacer turismo en el extranjero?

A tono con los nuevos aires de las demoradas reformas económicas que pretende impulsar el General Raúl Castro,  según una de las medidas hechas públicas el lunes 9 de mayo, los cubanos de la isla podrán hacer turismo en el extranjero.

En la calle ha sido la noticia del año. Desplazó al culebrón brasileño de turno, los cotilleos sobre las infidelidades del vecino, incluso a las críticas constantes sobre la mala gestión gubernamental.

Pero no es tan fácil. No es sacar dinero del banco y, dale vamos a tirarnos unas fotos en la Cibeles de Madrid o en los Campos Elíseos en París. Muchos preferirían la Gran Manzana, Miami Beach o Los Angeles. Pero los cubanos gobernados por los hermanos Castro no pueden viajar como turistas a Estados Unidos, debido al embargo vigente desde 1962.

Las primeras reacciones en La Habana eran de aceptación. En una carnicería de la Víbora se formó una peña sobre el tema. “Yo nunca podré hacer turismo. ¿De dónde saco el dinero? Ni siquiera conozco Varadero. Pero está bien que viajen los que puedan hacerlo”, comentó Alfonso, un viejo jubilado.

También hay dudas y sospechas. “¿Quiénes podrán viajar? ¿Darían visa los países receptores? ¿Podrían salir todos, incluidos los disidentes?”, se pregunta Maritza, abogada.

Hay tela por donde cortar. Habría que ver si, por ejemplo, a la bloguera Yoani Sánchez le permitirían salir de Cuba. Hace una semana, por decimoquinta vez, le denegaron el permiso de salida, en esta ocasión para ir a España y Dinamarca.

No creo que destacados opositores como Elizardo Sánchez, Martha Beatriz Roque, Oscar Elías Biscet y Oswaldo Payá Sardiñas, entre otros, puedan viajar sin limitaciones ni controles a conferencias y simposios.

Tampoco abundan los que en Cuba con sus ahorros pueden darse el gustazo de estar dos semanas en Cancún o Marbella. Es cierto que más de 72 mil cubanos desde 2008 a la fecha se han alojado en hoteles por moneda dura a lo largo y ancho de la isla. Que no es barato. A una familia de cuatro personas, la estancia de tres días le puede costar más de 1,200 dólares. El salario de 7 años de un obrero.

Ya cruzar el Atlántico es otra cosa. En temporada baja, un boleto de ida, como mínimo, cuesta 400 euros a España o Italia. Si le suma los gastos de alojamiento y comida, verá que debe llevar en sus alforjas entre 4 mil o 5 mil euros para ver al Barcelona jugar con su toque mágico en el Camp Nou o visitar Venecia con sus canales, góndolas y palacios.

Presumo que sólo una élite podría hacer turismo. Saben de quienes habló. Gerentes de nivel, ministros de confianza o empresarios de verde olivo. Se rumora que hay en estudio planes de paquetes turísticos a precios módicos entre las naciones pertenecientes al ALBA, ese grupo de socios integrado por Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador.

A los cubanos de a pie, esos destinos les cuadra igual. “Oye, socio, el problema es tener la posibilidad de montarte en un avión y coger un aire. Da la mismo que sea a Quito, La Paz o Caracas. Si todo es verdad, guardaré dinero. Quién lo iba a decir, un ‘asere’ (marginal) haciendo turismo”, dice un mulato  mientras espera el ómnibus.

Ahora, la preocupación se trasladaría a las autoridades migratorias de los países donde los cubanos decidan pasar unas vacaciones. Ya se sabe que emigrar se ha convertido en una de las pasiones favoritas de los cubanos.

En París, Roma o Madrid estarían con una lupa. Para cerciorarse de que todos los turistas procedentes de Cuba tomen el vuelo de regreso. La posibilidad de viajar podría facilitar las deserciones hacia USA. Debido a la ley de ajuste cubano, en vigor desde 1966 en Estados Unidos, todos los cubanos que pisen suelo estadounidense, automáticamente se les concede la residencia.

Los viajes turísticos, podrían convertirse en un nuevo aliciente para ingresar legalmente al vecino del Norte. Infinidad de familias cubanas están divididas desde hace 50 años. Los trámites para emigrar a Estados Unidos, a partir del parentesco del tercer grupo sanguíneo son complicados y dilatados. José Ortiz es uno de ellos. Lleva 12 años deseando irse.

Lo ha intentado todo. Desde tirarse al mar en una desvencijada embarcación y casarse con una extranjera, hasta pagar por debajo de la mesa una visa ecuatoriana que le permitiera saltar a Miami. Sin éxito. Puede que ahora el gobierno de Raúl Castro se lo ponga en la mano. “Sería un camino más largo y gastando muchísimo dinero. Pero una senda segura, sin el peligro de convertirte en merienda de tiburones”, acota Ortiz.

Habrá que esperar para comprobar si las nuevas regulaciones no se convierten en una vía para abandonar el país. Si actualmente al otro lado del charco hay familiares que pagan hasta 10 mil dólares para traer parientes de manera ilegal y peligrosa, es de imaginar que aprovecharían esta posibilidad para sacar a los suyos del imprevisible castrismo.

Las nuevas medidas probablemente tendrán restricciones. El régimen velará porque los disidentes sigan gritando en casa y no en el exterior.

Iván García

Foto: Terminal 2F del Aeropuerto Charles de Gaulle en París.

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Periodista oficial primero (1974-94) e independiente a partir de 1995. Desde noviembre de 2003 vive en Lucerna, Suiza. Todos los días, a primera hora, lee la prensa online. No se pierde los telediarios ni las grandes coberturas informativas por TVE, CNN International y BBC World. Se mantiene al tanto de la actualidad suiza a través de Swissinfo, el canal SF-1 y la Radio Svizzera, que trasmite en italiano las 24 horas. Le gusta escuchar música cubana, brasileña y americana. Lo último leído han sido los dos libros de Barack Obama. Email: [email protected]

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